SONRIENTES Y DECAPITADOS

Mis muñecos están sonrientes y decapitados,
sus cabezas lucen entre los libros de Bukowsky y Palahniuk
sonrosadas y deliciosas de plástico azul y rosa;
ya no temen ni agreden al paso de las horas.
El policía dejó de llamar a la habitación al orden
y el astronauta Sirius a la luz de la radio.
sus cabezas lucen entre los libros de Bukowsky y Palahniuk
sonrosadas y deliciosas de plástico azul y rosa;
ya no temen ni agreden al paso de las horas.
El policía dejó de llamar a la habitación al orden
y el astronauta Sirius a la luz de la radio.
Los búfalos de playmobil se aliaron con los vaqueros made in Taiwan
para acabar de una vez por todas con los indios americanos.
Un buen día el pirómano dejó de quemar libros de Susana Tamaro,
y una biblia que yo tenía en la mesilla de mi hermano.
Dejó intacto el génesis y miró al policía llorando
mientras éste descansaba sobre el ordenador con los ojos cerrados.
La muñeca hinchable yacía en el suelo desinflada,
para acabar de una vez por todas con los indios americanos.
Un buen día el pirómano dejó de quemar libros de Susana Tamaro,
y una biblia que yo tenía en la mesilla de mi hermano.
Dejó intacto el génesis y miró al policía llorando
mientras éste descansaba sobre el ordenador con los ojos cerrados.
La muñeca hinchable yacía en el suelo desinflada,
los angelitos de la comunión decían que se había suicidado,
pero, la verdad, es que su amor fue violado:
el consolador de mi amiga le había engañado.
Las muñecas Rusas dejaron de ser entrometidas
Las muñecas Rusas dejaron de ser entrometidas
y vivían separadas por distintas copias en DVD de Donnie Darko.
Por las noches se discutían, no la más diminuta,
quién, entre sollozos, pedía a la perrita Laica que volviese a su lado.
El gallo-souvenir de origen polaco empezó a trasnochar,
El gallo-souvenir de origen polaco empezó a trasnochar,
y al alba, con el sol despuntando,
ya no cantaba con el agua con la que yo lo había llenado,
si no que descansaba junto a un brick de vino rosado.
La marionetas se liaban para cortarse la circulación y acabarse ahorcando,
La marionetas se liaban para cortarse la circulación y acabarse ahorcando,
saltaban desde el marco de la puerta para asustar a mi sobrina de cuatro años.
A esa niñita pequeña que siempre las quiso.
La misma princesa de república independiente que jamás las habría abandonado.
Ahora mis muñecos están sonrientes y decapitados,
y sus cabezas lucen entre los libros de Bukowsky y Palahniuk.
Mientras tanto, yo miro hacia otro lado.
Mientras yo me leo el diario.
